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Alba Moraleda

El Español, 23/02/20

Humana quiere que los clientes de sus tiendas de ropa de segunda mano la relacionen con el color verde. Verde hierba, verde naturaleza, verde medio ambiente. Desde el letrero de los escaparates, a las paredes de sus locales o la cabecera de su página web, el color aceitunado fluye por toda la parafernalia de esta organización que recoge y vende prendas usadas en cuatro continentes. Pero detrás del decorado austero de sus tiendas y sus aires de compromiso con un mundo más sostenible, el impacto que la actividad de Humana consigue en el medio ambiente es, como mínimo, dudoso.

Esta organización tiene bastante recorrido en el negocio de la ropa usada. Nació en la década de 1970 en Dinamarca como ONGD y ha ido extendiendo su actividad a 30 países. En España adopta la forma jurídica de fundación y declara como uno de sus objetivos “proteger el medio ambiente a través de la reutilización de textil”. La industria de la moda es considerada la segunda más contaminante del planeta, cuyas emisiones superan incluso a las emitidas por el transporte global, pero la propuesta de reciclaje textil que plantea Humana resulta no ser tan verde como promete. 

En España, la actividad empieza en los 5.000 contenedores de recogida de ropa usada que la fundación tiene repartidos en todo el territorio gracias a acuerdos con ayuntamientos, entidades y empresas privadas. De la ropa donada por los ciudadanos, Humana obtiene las prendas que luego vende con éxito en sus 54 tiendas de ropa de segunda mano (21 en Barcelona, una en Reus (Tarragona), 26 en Madrid, tres en Sevilla, una en Granada y dos en Valencia). El año pasado recolectó cerca de 17.400 toneladas. 

Pero antes de que las camisas vintage o los abrigos usados lleguen a los abarrotados colgadores de estos locales de venta al público, hay un proceso de selección en las plantas de l’Ametlla del Vallès (Barcelona) y Leganés (Comunidad de Madrid). Es en este momento cuando toda la actividad deja de ser tan eco-friendly. La ropa donada que se recoge en los contenedores se clasifica en función de la calidad y se separa en lotes que tendrán un destino diferente.

Dudoso fin ambiental

La parte más grande, un 39%, se vende a comerciales de países de África, un movimiento opuesto a los principios de la sostenibilidad que promueven el consumo de productos de cercanía para generar el menor impacto ambiental. Por tanto, en este momento el declarado compromiso con el medio ambiente empieza a hacer aguas.

A la huella de carbono que dejó ese producto en el momento de su fabricación, en este punto se añade la generada por el desplazamiento en barco a un país con menos recursos, que también son los más afectados por el cambio climático. Por otro lado, las voces críticas de la cooperación internacional consideran que vender ropa a países africanos es un freno al desarrollo local.

Solo un 13% de las prendas recogidas en España se quedan en territorio nacional para su venta. “El consumidor en España no reclama ese producto de segunda mano. Es por eso que sólo podemos comercializar (reutilizar) el 13%. Nos encantaría que esa cantidad fuera mayor, pero los años de experiencia de Humana constatan que más allá de ese porcentaje los procesos empiezan a no ser rentables a nivel económico y a nivel ambiental”, explican desde Humana a EL ESPAÑOL.

La vocación ecologista y social tiene más agujeros. Según declara, el 37% de la ropa que recoge se encuentra en mal estado y no se puede poner a la venta para ser reutilizada. Pero esta fundación no tiene capacidad para tratar los residuos textiles y darles una segunda vida, se limita a venderlos a empresas especializadas en reciclaje textil, por lo que sigue sacando beneficio a la ropa donada. Un 9% de prendas recogidas no se pueden reutilizar ni reciclar, por lo que se trasladan a centros de tratamiento de residuos.

Pero la ONG en su contabilidad ambiental no tiene en cuenta los costes negativos generados del transporte de la ropa a otros países. A través de una cuenta que no considera estas complejidades, Humana presume de una gran labor en beneficio del medio ambiente. Multiplica las toneladas de ropa recogidas de los contenedores (17.400 toneladas) por las emisiones que se evitan por cada kilo de ropa reutilizada (3,169 kg de CO2), para concluir que su actividad ahorra 55.000 toneladas de dióxido a la atmósfera.

Desde Ecologistas en Acción ya denunciaron que esta entidad “disfrazada de social” no busca una mejora ambiental o social sino el lucro no confesado. “La táctica para protegerse es construir un escudo borroso a base de contratos y acuerdos con las administraciones públicas o concejalías de Medio Ambiente. Esto es, buscando apoyos a una idea que refuerza su credibilidad e imagen de cooperación y labor social”, apuntan desde la organización ecologista.

Otra forma de consumo

Según los datos, la fundación genera unos abultados ingresos que recuerdan a los de una empresa privada y no tanto a los de una entidad sin ánimo de lucro. En 2018, Humana ingresó 22.633.347 millones de euros de la venta de ropa en España y el extranjero. Si se suman donaciones y subvenciones la cifra asciende a 23.309.481 millones. De este dinero, según las cuentas que la ONG hace públicas en su web, destinó un 8,1% del total, 1.899.663 millones, a financiar proyectos de cooperación al desarrollo y protección del medio ambiente en países del sur de África y en España.

El grueso de su capital, casi 20 millones, explica que lo destina a “gastos de acciones encaminadas a la venta de la ropa”, que no especifica cuales son, y a la recogida y clasificación de prendas. Por su parte, la organización apunta que “es cierto que Humana es una ONGD atípica por la actividad económica que desarrolla en lo relacionado con la ropa usada, pero el objetivo final social como entidad sin ánimo de lucro es claro e indiscutible”. Como vimos, los ecologistas no lo tienen tan claro.

Humana es solo uno de los entes que se dedica a la venta de ropa de segunda mano, un mercado en auge a medida que aumenta la conciencia ambiental y dado el elevado número de prendas en circulación. La forma de producir y consumir de forma compulsiva ya ha llegado a un punto insostenible. Tanto es así que la producción mundial se ha multiplicado por dos en solo 15 años, según un estudio de la Fundación Ellen MacArthur, referente a nivel mundial de la economía circular.

Se ha pasado de fabricar 50.000 millones de prendas en 2000, a 100.000 millones en 2015. Si la industria continúa por el mismo camino, la producción textil será responsable de más del 25% de las emisiones de carbono en 2050. En este punto, además de un cambio en la forma de producir que gire hacia una economía circular (pensar desde el diseño en la vida del producto y en cómo reutilizarlo), también hay que cambiar la forma de consumir: comprar menos y de mejor calidad.

Como explicó a este diario Brenda Chávez, periodista y autora del libro Tu consumo puede cambiar el mundo, la ropa más sostenible es la que ya está en el armario.